Madrid_Domingo de tapas por Alonso Cano.

Domingo por la mañana. Mi compañera de piso como excepción, trabaja. A mi también me toca, pero desde casa, así que decidimos darnos el lujo de salir a picar algo (para salir de la rutina, ya que cómo he dicho, y aunque no parezca, es fin de semana). Ésta vez, decidimos quedar por su zona, ya que yo no tengo hora a la que volver, y seguramente, cuando lo haga, será para dormirme una buena siesta.

Quedamos a las 2.30, y como siempre llego tarde, cosa que da igual, ya que parece que si no llego, ella ni sale de la oficina a comer algo. Empezamos a subir la calle de Ponzano. Es increíble la afición que hay en esta ciudad de salir de tapeo especialmente los domingos. Todos los locales están abarrotados. Como siempre, tentamos a la suerte; vamos a ver qué tal está éste, que parece que caben dos personas más.

El Doble. A poco que uno consulte en google sobre este bar, se da cuenta de que se trata de un clásico dentro de los bares de tapas de la Zona de Chamberí. La decoración taurina, los mosaicos, los jamones colgados y la gente que lo regenta, genera un ambiente típicamente castizo. Pedimos dos cañas, aunque los dobles, tienen pinta de ser lo más pedido en barra. Parece que no hay cocina y todo lo que aparece en carta es marisco, embutido y conservas. Tiene todo muy buena pinta, pero a excepción del precio de las cañas (1.20) el resto se queda fuera del alcance de nuestro presupuesto. Nos acompaña la cerveza unas aceitunas y unas banderillas, muy ricas por cierto. Decidimos cambiar de bar, tenemos hambre, y hoy no nos toca pedir gambas.

Cervecería típicamente castiza.

Saliendo del Doble, en el local de al lado nos encontramos con un bar que tiene muy buena pinta, aunque  se encuentre casi vacío. Ponzano 58. Desde el primer momento, el camarero nos atiende como auténticas reinas, lo cual es de agradecer. Las cervezas muy bien tiradas, y acompañadas de crujientes patatas con canapé de paté. Desde que llegamos, Rebeca y yo nos quedamos mirando la tortilla, que parece poco cuajada y tiene una pinta estupenda, y así es. Con el saborcito de la cebolla frita, y el huevo a medio cuajar, es lo más cercano a la tortilla de mi madre que he comido nunca en un bar, sencillamente exquisita. La  tapa muy generosa, acompañada de tostaditas de pan con aceite de oliva, nos cuesta 2.50 euros, así que decidimos repetir. Juan Antonio (ya nos hemos hecho amigos) nos comenta que por las noches el local se pone a estupendo. Podemos ver que tiene muchas variedades de ginebras, algo que está últimamente de moda, y que tienen promociones semanales para los asiduos al bar. También nos recomienda que nos pasemos un día entre semana a probar las hamburguesas, a 7 euros. Según nos comenta, es el plato estrella del lugar, así que tenemos pendiente volver para probarla.

Bar moderno, estupendo para cualquier hora del día.

Para terminar, siguiendo de camino a la calle Alonso Cano, nos paramos a tomar la última en Alipio Ramos, taberna tradicional madrileña, de aire castizo. El local sorprende por la cantidad de gente a la que da cabida, imagino que la comida debe ser buena, ya que hay muchas familias albigarradas en el fondo del local. Nosotros, decidimos tomarnos unas cañas y un vermut de grifo. James, compañero de trabajo de Rebeca, se ha unido al grupo. La verdad, es que salimos un poco decepcionados, porque esperábamos bastante más de las raciones de éste lugar. Para empezar, las tapas, tostas con chorizo, y una especie de nugget de pollo, estaban un poco rancias. Cómo mis acompañantes, tenían que volver al curro, decidimos pedir unas tostas, y la decepción fue aún mayor, cuando, después de que tardaran bastante en hacerlas (la cocina me parecía pequeña, para tanta mesa) nos trajeran dos tostadas de lacón y queso, más bien pequeñas, y una de cabrales desnatada, ya que más que cabrales, parece una mezcla de queso líquido bastante insípido. Para finalizar, el sitio, del que hemos leído que tiene precios razonables, nos parece bastante caro, en relación a su calidad. No creo que James y Rebeca vuelvan, pese a que les queda cerca del trabajo.

Taberna Castiza

Nos despedimos. Hemos pasado un domingo de tapas diferente. Como nos quedan bastantes sitios por probar, decidimos que volveremos alguna noche para disfrutarlos en horario diferente, pero eso, ya lo contaré en una nueva entrada.

Posdata: Al medio día siguiente, Rebeca seguía teniendo mucho trabajo, y como mi estudio está relativamente cerca del suyo, decidimos buscar algún sitio para comer de menú por la misma zona. Después de dar un par de vueltas, acabamos encontrando un barecito, en el que había un cartel exterior, donde rezaba un menú bastante variado a 8.50.La paraguaya, en calle Bretón de los Herreros,24. Este local, de aspecto un poco cutre(me llamó mucho la atención, los manteles de plástico transparente, sobre piezas de ganchillo) me cautivó gratamente. El puchero, un plato de sopa con carne, fideos, y calabaza, estaba buenísimo; me encantó que viniera acompañado con yuca y limón, aunque el camarero nos comentó que podría traer pan en su lugar, deber ser típico acompañar este caldo con el tubérculo.  La pechuga a la plancha, estaba hecha con soja, y nos pareció muy rica. Para terminar, tarta de queso, y tiramisú casero; sencillamente, comimos muy bien, a un precio muy razonable. Recomiendo este sitio encarecidamente, para los que buscan un local de comida casera, entre semana, y a los que están dispuestos a probar comida con un toque diferente al nuestro.

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