São Paulo_ ¡Pre carnaval, pre carnaval!

A dos semanas de carnaval, y no se habla de otra cosa. Parece pregunta obligada en cuanto conoces a algún brasileño, o a algún extrangero que lleve tiempo viviendo en Brasil “¿Que vas a hacer en carnavales? cuando contestas que, en principio tienes idea de quedarte en la ciudad, hay dos respuestas posibles:

Opción1 (con cara de espanto): Ni se te ocurra. Sâo Paulo no merece la pena en carnavales.

Opción 2 (con cara de pena): Bueno…como la ciudad se vacía, es buena época para aprovechar la vida en la ciudad, no habrá colas ni en cines, ni en teatros, ni en los museos…

El caso es que por lo que estoy viendo, la fiesta no pinta tan mal como la ponen. A dos fines de semana, un brasilero nos comentó que nos acercáramos a ver un ensayo de un bloco (algo así como una peña, que se reúne para celebrar) y como no nos queremos perder nada, después de comer  nos acercamos al lugar en cuestión. Como una vez me avisó una amiga de aquí, si te invitan a una fiesta en una casa brasilera, nunca se llega a la hora propuesta, a menos que quieras encontrarte al anfitrión en la ducha, u organizando la cena. Más o menos, fue lo que nos pasó. El cartel rezaba que los ensayos empezarían a las 14.00, y aunque llegamos una hora más tarde, aquello todavía estaba en los preparativos previos. Apenas había gente, y sólo se oía el sonido de algún tambor de fondo. El espacio se encontraba en un jardín, más concretamente, parecía parte de un parque, como si hubieran privatizado una zona, y la hubieran arreglado entorno al teatro, donde se llevaría a cabo la actuación.Una señora brasilera, nos cobró 20 reales por la entrada. Nos comentó, que a partir de media tarde, la fiesta se animaría. Como en el momento, todo estaba un poco parado, nos pusimos a investigar la zona. El teatro parecía literalmente una cabaña. Para poder describir el espacio, sólo se me ocurre definirlo como la antítesis de lo que para mi sería un espacio de espectáculo(Nuria me acaba de dar una buena defición de lo que vimos: venía a ser un teatro afavelado). Nos atacaron los mosquitos cuando decidimos ir al baño, y nos sorprendió mucho una nave lateral donde se guardaban disfraces de todo tipo. Muchos me recordaron a los ninots y gegants de nuestra tierra. Nada parecido a la imagen que tenía de las fantasías brasileñas de trajes de purpurina, brillos, plumas y destellos pegados a piezas más bien pequeñas ceñidas al cuerpo. La fiesta se empezó a animar con más gente, y según empezó la música, todo tomaba sentido. Se trataba de una fiesta de pueblo, en el corazón de la ciudad más grande de América latina. Confiábamos en la actuación de dj Tutu, (al que habíamos conocido el fin de semana anterior, en la fiesta del Santo Forte, en “Studio m” una disco de aquí, y que nos encantó por la música que pinchó ese día). Debió de poner música como 10 minutos(los mejores de toda la tarde). El resto fueron una sucesión de espectáculos de gente que parecía salir de una historia de ciencia ficción. Creo que no había ningún músico medianamente competente, me pareció que por esa misma razón, el “conciertito” tuvo encanto. Debieron tocar como 7 veces la misma canción. Debe ser un hit de la zona. Pasamos la tarde bebiendo cerveza, bailando, y comiendo espetos(pinchos de carne, pollo, queso…), toda una delicia. La verdad es que nos divertimos mucho, y la gente te hace sentir como en casa. Todo el mundo es muy abierto, y demuestra curiosidad, cuando comentas que eres extranjero. La verdad que a muchos les extrañó, ya que por lo visto, no era una fiesta muy conocida,y todo el mundo que estaba por allí eran amigos, de los amigos de alguien que cantaba o tocaba(cosa, que no me extrañó,después de verlos tocar).Analizándolo bien, no acabo de entender cómo cobraban para entrar.

A las diez de la noche, nos cerraron el chiringuito, y como nos parecía muy pronto como para irnos a casa, acabamos en un bar de samba, el Ó do Borogodó, que Nuria conocía de una visita anterior a la ciudad. Simplemente decir que me encantó este lugar(de hecho, hemos repetido este fin de semana). Acostumbrada a cómo se sale por España, pasarme toda la noche bailando música en directo(en concreto, samba), me parece sencillamente genial. Increíble cómo se mueven muchos brasileños(como siempre, hay excepciones), me quedé embobada viendo a muchas parejas bailar. La música te inunda y aunque no hayas bailado en tu vida, el ritmillo se mete en el cuerpo para salir en forma de movimiento. Gente de todo tipo, muchos músicos, jóvenes, más mayores, incluso nos hemos encontrado con españoles. Situado en frente del cementerio, si de día te dicen que se trata de un bar  de fiesta, no te lo crees. Prácticamente el local está para reformar por completo, pero debe ser ese saborcillo a cutre lo que atrae con más fuerza al lugar.

Este fin de semana, hemos hecho el intento de ver un carnaval da rua, que viene a ser una fiesta de algún bloco, pero en la calle. Empezamos la mañana en la feria de Calixto. Todos los sábados montan en esta plaza, varios puestos de ropa de segunda mano, antiguedades, bisuterías, y cosas por el estilo. En mitad del mercado,barecillos  de comida y bebida de todo tipo, especialmente, de comida brasileña, portuguesa y bahiana.A partir de las dos, empieza a tocar un pequeño grupo de samba, que ameniza la velada. La música parece salir de todos los lugares, me encanta. Una vez comidos los espetiños, nos movimos hasta las calles donde se concentraba el carnaval, lo que vi, es fácil de describir: mucha gente, mucha música, poca cerveza(a las 4 de la tarde, se había acabado toda) y al poco tiempo, mucha lluvia. Con lo que después de deliberar, acabamos sentándonos en un bar cercano, y como estuvo lloviendo toda la tarde, pasamos allí el rato, hablando, comiendo, bebiendo y disfrutando del sábado por la tarde y del no tener nada que hacer. Como no paraba de caer agua del cielo, y tampoco era plan de formar parte de la silla, decidimos movernos, algunos para casa, otras, hacia otros bares. Acabamos cenando y bailando en el Ó. Si, tenemos que probar otros lugares,pero éste nos gusta mucho, y nos pilla cerca de casa.

Con la tontería voy a empezar a aprender a bailar samba.

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