São Paulo_El mercado de mi calle es particular.

Si me preguntan qué es lo que más me ha llamado la atención de Brasil, o más concretamente sobre São Paulo, lo primero que me viene a la mente es lo rica y amplia que es su gastronomía. Partiendo de este punto, no puedo dejar de escribir sobre un elemento vivo existente en las calles como son las ferias libres, espacio para el disfrute de aquellos a los que nos gusta ir a comprar semanalmente, donde sorprenderse con la comida de temporada, hacer uso del regateo cuando algún vendedor abusa de nuestro rango de turista, y donde disfrutar de la fruta autóctona y de sabores totalmente diferentes a los que estamos acostumbrados.

Dedicadas a la venta de todo tipo de comida, se organizan en una calle o plaza,durante toda la semana, que queda cortada al tráfico, normalmente de 4 de la mañana a una de la tarde. Cada barrio tiene sus ferias establecidas y muchas veces se caracterizan por las mismas. Normalmente se abren y se cierran con puestos de “pasteis”, aperitivo contundente típico brasileño, que consiste en una especie de empanadilla frita en grandes cuencos con aceite de palma, rellena de cualquier cosa que uno pueda imaginar: carne seca, catupiry (queso brasileño), bacalao, camarón,huevo, aceitunas, palmito…a estos locales les siguen los puestos de bebidas donde se ofrece el “suco de cana”, o lo que viene a ser, zumo de caña de azúcar, que está riquísimo a la vez que es muy calórico. Los puestos de pescado ofrecen una amplia gama de especies que uno puede encontrar en la gastronomía brasileña, pero también se ofertan mariscos, moluscos, y preparados de sushi para consumir en el momento. La carne es también elemento significativo; desde pollos a salchichas, y la famosa picanha(tipo de corte de carne de ternera) dan cabida en estos puestos. Se pueden encontrar venta de especies, de flores y muchas veces pequeños comerciantes ofrecen los típicos crepes de tapioca, una harina que una vez puesta en la sartén, se endurece formando una masa que se rellena tanto con salado(queso, jamón…) como con elementos dulces(coco, chocolate, o leche condensada).Pero sin lugar a duda, los puestos que más me llamaron la atención eran los de frutas y verduras. Perfectamente colocadas todas las piezas, no tienen nada que envidiar a ningún mercado tradicional. Puestos enteros de plátanos de todos los tamaños, de naranjas, de limones; mesas llenas de todo tipo de frutas de todos los colores, mangas, paraguayas, peras, melocotones, frutas del bosque, melónes, sandías, guayabas; toldos que cubren lechugas, coliflores, berenjenas, pimientos, judías, tomates…. todo orquestado bajo la atenta supervisión de los mercantes, que cantan continuamente los precios de forma que parece que todo está barato, tirado de precio…en el momento que se cae en sus redes acabas llevándote todo tipo de comida, que es imposible consumir en una semana, así que cuidado, los brasileños son muy buenos vendedores, y engatusan hasta que consiguen que te lleves lo que se proponen. A última hora, los precios bajan y me he llevado bolsas enteras de todo tipo de comida por menos de 20 reales!Una auténtica ganga para los que vivíamos en una ciudad tan cara como Sao Paulo!

Todas las semanas, concretamente los miércoles teníamos la costumbre de comer en los puestos de “pasteis” , ya que era el día en que la feria se establecía cercana a nuestra oficina. Era también el día en que me encantaba comprar mangas, el gran descubrimiento de este viaje. No he probado en la vida un sabor natural más dulce y delicioso como el de este manjar.

Los sábados me encantaba acercarme a ver qué se vendía en la feria de Mourato Coello. Compraba fruta, pescado, carne y verdura prácticamente para la semana, con la única “pega” de que todo era tan fresco, y sin conservantes, que muchas veces no me duraba todo lo que deseaba.

Puesto de frutas

Puesto de pescado

Mis compañeros de trabajo. un miércoles cualquiera en el puesto de pasteles.

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