Frutas y verduras de temporada.

Después de comer en casa de mi iaia, mi tía nos ha ofrecido de postre unas deliciosas mandarinas, y nos ha recordado (dado que a veces, parece que lo olvidamos) que tenemos los árboles repletos, esperándonos para que las recojamos.

No me he quitado sus palabras de la cabeza y no he podido evitar acercarme hasta su huerta a curiosear, donde he acabado disfrutado como una enana recogiéndolas. Según iba retorciendo cada una me han venido recuerdos de infancia, recuerdos dulces de niñez, de domingos con mis padres llevándonos a mi hermana y a mi a corretear por los campos de naranjas, de tardes con mis abuelos cargando capazos, de las manos callosas de mi iaio ofreciéndonos gajos de naranja para que las degustáramos, de mi iaia preocupada porque no cayéramos y nos hiciéramos daño… He de reconocer que por un momento me ha venido a la mente, que de pequeña me prometí que nunca jamás me gustaría, ni me iba a gustar el campo, los bichos (especialmente las avispas y las abejas) y las ortigas hacían suficientes estragos como para que me gustara revolcarme entre el fango.Ironías de la vida, hoy me he ido con unas botas de agua, un par de bolsas de basura, y cuchillo en mano, he empezado a desgarrar frutas de los árboles, mientras me paraba a pelar alguna que otra para saborear cómo explota todo el jugo en la boca.

Después de deleitarme con las mandarinas, he fijado mi atención en las lechugas, verdes y lilas, colocadas en fila a la espera de ser recogidas. A lo lejos asomaba un caqui, fruto que hemos disfrutado este año, ya que escuchamos un pequeño secreto sobre cómo había que comerlo: si se macera unos 7 días en coñac, el sabor de su pulpa es exquisito, y se transforma a lo que conocemos como caqui persimón. En otro bancal he visto unos granados cuyas frutas habían caído en el olvido, pero del que he podido recuperar tres piezas, una de las cuales se ha tropezado con en el suelo, y al agrietarse he aprovechado para probar su diminuta y sabrosa semilla. Para terminar he encontrado unas coliflores muy floridas, que habrá que recoger para que den a nuevas hortalizas el próximo año. Para terminar me he deleitado observando cómo se movían los olivos, ya recogidos, con los que este año hemos hecho aceite, de una calidad excepcional.

Cuento esta experiencia para que os animéis a plantar alguna verdura, algún frutal, alguna mata de cualquier cosa verde, o incluso flores, que últimamente también me están dando muchas alegrías. No tener espacio ya no es una escusa, porque cada vez son más las organizaciones que se preocupan por organizar y gestionar huertos urbanos. Como arquitecta he podido desarrollar proyectos de huertos en cubiertas, y en pequeños espacios como macetas o incluso paredes.

Sino…pues siempre podéis contactar conmigo, que en temporada de invierno, nos dedicamos a la venta de naranjas.

Y nunca se sabe…porque comentar el blog tiene premio e igual envío una bolsita de naranjas a los que se animen!

Mandarinas

Mandarinas a cielo abierto.

Caqui, futuro caqui persimón.

Lechuguitas en fila india.

Granada.

Entre naranjos

Olivos sin olivas, que han sido transformadas en aceite.

Naranjitos

Este artículo de El país ilustra sobre huertos en macetas.

http://elpais.com/diario/2009/11/08/eps/1257665220_850215.html

En este link podéis acercaros a los huertos urbanos de la ciudad de Madrid.

http://redhuertosurbanosmadrid.wordpress.com/

Este otro os puede acercar un poco más a proyectos de entornos urbanos autosuficientes.

http://redex.es/blog/huertos-de-ciudad-una-aproximacion-a-entornos-urbanos-autosuficientes/

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