Sábado de microteatro en Valencia.

Valencia, la ciudad de la luz, de las Artes, de las Ciencias, de la Falla y la paella, ahora es también, la ciudad que alberga una extensión de uno de mis ocios favoritos: el microteatro. En alguna ocasión ya he contado como me gusta pasar las tardes en este formato de bar teatro en Madrid, donde por un módico precio, bebes, comes, y disfrutas de un espectáculo de unos 10-15 minutos, sin empacharte de nada (a veces el teatro me resulta pesado, si, ya lo he dicho). Me gusta la idea de tener un centro de estas características cerca, y este sábado me pasé con mi amiga Mar a ver qué nos ofrecía, las comparaciones son inevitables, y más cuando me he pasado tanto tiempo en el de Malasaña, así que a qui va mi especial comparativa:

El espacio del nuevo microteatro es diáfano y abierto, me ha parecido acogedor (sobre todo para el verano) el patio al final de la sala, decorado con unas macetas. Imagino que abre en horario aceptable para no molestar a los vecinos, pero me quedé con ganas de salir a fumarme allí tranquilamente un cigarro. La barra del bar con la cocina invita a entrar desde la calle,huele a cocina recién hecha, y la tapita de paella me cautivó, ¿podrá haber algo más typical? Por otro lado, creo que no se ha pensado bien el elemento de la taquilla, se queda un poco huérfano en un espacio recién montado y que creo que debería ser un elemento de reclamo. Tengo que decir que el encanto de bajar escaleras y del mutismo que te encuentras antes de entrar en la sala mientras el acomodador te explica las normas de funcionamiento, es uno de los puntos fuertes del espacio de Madrid. En Valencia, ese espacio está únicamente separado por una cortina, donde acabas apelotonándote pese a que el único cortafuego con la extensa sala exterior sea una tela. Mientras las salas valencianas, parecen ser en principio en menor número que las de Madrid, parecen mejor insonorizadas y equipadas. Mantienen el sistema de poca capacidad en el interior de la sala y pueden ocurrir situaciones en las que acabas tirando algo de la cerveza de tu copa al espectador que tienes delante…pero ese es el encanto de los números, la actuación contenida del actor frente a frente con el que le observa. Un aspecto en el que Mar me hizo reflexionar, fue que tanto al baño a como a cada rincón del Teatro se puede acceder con silla de ruedas, punto muy a favor de este nuevo espacio adaptado.

Las obras que vimos estuvieron más que aceptables, nos reímos, disfrutamos, bebimos y comimos…qué más se puede pedir?

Después de dos funciones fuimos a cenar a un sitio del que Mar me llevaba hablando un tiempo: Taberna el Rojo en Ruzafa, en Carrer del Literat Azorín, 10. Por diez euros por cabeza,  estuvimos de cervecitas, vinos y tapitas. Ambientazo en este bar que estaba a tope el sábado noche.

La copa la tomamos en La bicicleta, en Carrer de la Reina Doña María, 7. Un bar muy curioso donde entablamos una animada conversación con la camarera, que mientas llegamos estaba haciendo unas cortinas con abalorios para el local. Muy buenos los mojitos y la mistela.

Valencia es una ciudad para ver, saborear y disfrutar, y ahora, todavía más.

Para más información:

http://microteatromadrid.es/el-15-de-enero-inauguracion-de-microteatre-valencia/

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Pantalla del Microteatro anunciando la próxima función.

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Mar en la barra del bar del Microteatro. Me gustó que la cerveza que sirven es de mis favoritas.

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La taquilla se esconde detrás de un pilar, tras la tabla de platos del bar…desde mi punto de vista se podría haber ubicado en la entrada, como elemento de reclamo.

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Patio exterior y macetas colgantes.

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Área para niños y familias, y padres desquiciados.

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Tabla de ibéricos de la Taberna El Rojo, en el barrio de Ruzafa.

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Mar con su vinito y barra del fondo del local.

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Yo y mi cervecita. Tengo que decir que los asientos se quedaban o muy altos o muy bajos para las mesitas, pero nos dio igual, nos pareció un sitio estupendo para tomar algo.

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Barra y cocina del bar, me gustó que con cuatro barriles y poco más, se consigue separar el espacio entre los comensales y los camareros.

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Pinchos y tabla de ibéricos.

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Salón de la Bicicleta.

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Imagen de la entrada del bar.

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Yo con la pared de pizarra para escribir detrás. A parte de comer y beber, en el local se pueden adquirir ropa y abalorios.

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Mojito servido en tarro, debe estar de moda lo de no usar vasos, porque no es la primera vez que lo veo, y me encanta que se recicle.

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