Sansan Festival. Gandía.

Desde hace un tiempo, he tenido la suerte de tener con quien ir a varios festivales, movida por una inquietud: la música. Aunque parece una afición compartida por muchos, me ha costado encontrar gente con quien compaginar gustos musicales, y creo que es éste el motivo por el que ahora aprovecho cualquier oportunidad para acercarme a ver qué se toca en cualquier escenario.

Creo que vivimos en una época en la que proliferan este tipo de eventos, y donde podemos encontrar en un corto espacio de tiempo y por un precio económico, grupos de música de todo tipo: desde aquellos que nos hacen vibrar con las canciones que escuchamos cuando nos enamoramos, hasta nuevos grupos que nos hacen experimentar sensaciones y emociones dispares.

Noelia me llamó hace un par de semanas, y nos organizamos para asistir a la primera edición del Sansan Festival, en Gandía. Después de sopesar quedarnos en un camping propuesto por la organización, decidimos ir y venir cada día. Aunque esto supusiera que una de las dos, bebería menos el día que le tocara conducir, supondría descansar y asearnos en casa, valores muy a tener en cuanta, cuando uno acaba hecho polvo después de pasarse 8 horas sin parar de bailar. Compramos el bono de tres días, pese a saber que sólo asistiríamos dos, debido a que Noelia partía a Madrid el sábado, y yo me quedaba, un día más, sin tener con quien ir al festival. Así que voy a intentar resumir la experiencia vivida en dos días.

Primeramente, señalar, que la distancia en coche de Benidorm a Gandía, es de una hora. Una vez llegamos a las inmediaciones del recinto, nos pasamos otra, buscando aparcamiento. Preguntamos como a cuatro chicos de la organización sobre los parkings habilitados, y después de mandarnos fuera incluso del pueblo, nos dimos cuenta de que allí nadie sabía nada, y que iba a ser cuestión de buscarnos la vida o volvernos a casa. El viernes encontramos al fin un parking a unos 500 metros del festival, que nadie se había tomado la molestia de señalizar, con lo que solo perdimos 45 minutos buscando un sitio donde dejar el coche. Una vez superada la aventura, nos embarcamos en la búsqueda de la entrada. Tras caminar un rato entre campos de naranjas, tierras y acequias, llegamos a nuestro destino. Tengo que dar un punto negativo a todos aquellos que se dedicaron a ensuciar los alrededores con las botellas propias del botellón, ensuciando tanto la pequeña canalización de agua como los campos de naranjos de propietarios, que ninguna culpa tienen de que se celebren eventos de este tipo. Había pocos contenedores, pero suficientes como para evitar dejar el exterior hecho un asco.

Una vez dentro del recinto, nos dispusimos a dar una vuelta de reconocimiento y localizamos barras, escenarios (sólo vimos dos, de los tres planteados en el cartel)y baños. Está muy de moda lo de los tokens, así que nos dispusimos a cambiarlos para poder comer y beber, y cual fue nuestra sorpresa al descubrir que el mínimo necesario para comprarlos eran 15 euros, algo que no está mal para empezar la noche, pero cuando llega la una de la mañana y te has quedado sin ellos, y sólo quieres una botella de agua porque tienes que conducir, las cosas se ven con otra perspectiva. Cierto es, que se podían cambiar a partir de las 3, con lo que había que aguantar hasta esa hora si por culpa de la organización, te habías tenido que gastar los 15 euros en dos cocacolas. Entiendo que en los baños el agua no sea potable para evitar que la gente no consuma, ¿pero es normal que en dos días de festival, no funcionara el agua, ni la de los lavabos ni la de los retretes? Panoramas indescriptibles los que vivimos en los aseos, que aprovecharé para decir que me parecieron insuficientes, pero no poder lavarse las manos, me parece muy desconsiderado cuando pretendes vender comida y bebida en el mismo sitio.

Todo lo anterior no hubiera tenido importancia si los conciertos, muchos de los cuales de grupos que me gustan mucho como Love of Lesbian o Iván Ferreiro hubieran estado a la altura de un festival. En resumen: sonido pésimo, ninguna actuación en su horario y falta total de organización. Ya que no se oía por lo menos hubiera estado bien ver a los artistas con alguna pantalla. Nunca me había planteado ir a un festival, donde ni iba a escuchar, ni a ver a los artistas.

Me lo pasé bien, porque con amigas como las que tengo es difícil pasar un mal rato, pero desde aquí me gustaría lanzar este mensaje a modo de reclamación, y como mi padre bien me dijo cuando le conté el panorama sufrido: que me devuelvan el dinero de mi entrada.

 

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Foto pulseras y cervezas, que tanto nos gusta para subirlas al instagram.

Sansan Festival

Noelia y yo en la barra de Jack Daniels. de un día a otro nos cambiaron el precio de los chupitos, con lo que nos quedamos sin poder tomarlos el segundo día, indignadas porque la chica nos confesó que se había tratado de una confusión.

Sansan Festival

Concierto de algún grupo que no alcanzo a ver.

Sansan festival. Gandía.

El jueves se nos unió Mar, para ver a Amaral. Me encantó un comentario de una chica que teníamos cerca que gritaba: A nadie le gusta Amaral, pero todos estamos aquí coreando sus canciones.

Sansan Festival, Gandía.

Noelia y yo en algún concierto donde difícilmente se escuchaba o se veía algo.

Sansan festival, Gandía.

Noelia y yo con el cubalitro de cerveza a dos tokens (6 euros). Las palmeras daban sabor tropical al recinto.

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Cartel del festival, no será la última versión, pero es que los cambiaban cada cinco minutos.

 

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